«La escuela primitiva o antigua es muy de pulgar, rasgueos sencillos, alguna falsetita, con un punteo muy bajo, que se empieza en lo que se llama tirar para arriba, ir de la zona aguda a la grave, de la prima a la sexta».
Continuamos la charla de Faustino Dueñas, guitarrista y aficionado flamenco vallisoletano, sobre la guitarra flamenca en la Tertulia Flamenca de la Biblioteca Pública de Valladolid, y algunos de sus primeros y más señalados protagonistas.
El Maestro Patiño, a quien se atribuye la incorporación de la cejilla al flamenco, «para así mejor coger el tono del cantaor;» Juan Gandulla; Manolo de Huelva, «sentido del ritmo, del compás enorme; a todos los de Jerez les gusta mucho»; Miguel Borrull hijo; Javier Molina, «quien va marcar, con ciertas reservas, la escuela jerezana del toque. Los Morao fueron alumnos de este hombre -vivió cerca de 100 años- de formación musical bastante sólida, hacía dúos de guitarra, pasaba óperas, operetas, zarzuelas a la guitarra. Su falseta por seguiriyas se sigue tocando».
Una nueva escuela: Ramón Montoya. «Por entonces, los tocaores ya usan casi todas las técnicas actuales, los trémolos, arpegios, sonidos armónicos, utilizan todo el diapasón de arriba abajo –se solía utilizar sólo cinco trastes, era raro que se pasase del cuarto para abajo-, con Montoya se marca el inicio de la guitarra actual… Su padre era de Medina de Rioseco (Valladolid) y su madre de Fregenal de la Sierra (Badajoz)… Su toque no era nada gitano, le gustaba un toque dulce, ideal para Chacón, con el que formó una de las grandes parejas del cante y el toque… Te podía hacer llorar… fue el primero en grabar un disco en solitario, para una casa francesa… su guitarra se llamaba La Leona… estoy convencido que tenía, también, una formación clásica…».
Ramón Montoya
«¿Cómo hubiera sido el cante sin la guitarra?, ¿Camarón habría sido lo mismo sin Paco de Lucía, y viceversa? Montoya si no hubiera tenido a Chacón, ¿cómo habría sido?, y al revés, lo mismo… La guitarra y el cante no se pueden entender por separado… No es que la guitarra esté supeditada al cante… La guitarra más completa es la de acompañar…». Faustino opinaba, respondía a algunas preguntas de los presentes, mientras proseguía su charla citando nombres de tocaores históricos. Como Perico el del Lunar, padre.
«No dejó escuela, salvo su hijo. Con él empiezan las grabaciones en microsurco. La importancia de este hombre está en su gran afición al flamenco, además era un buen cantaor; siempre luchó para que el cante no se pierda. La caña que conocemos, la de Rafael Romero, se la enseñó él; y se le debe la Antología Flamenca de Hispavox (1954), con todos los cantaores más representativos y todos los cantes (el de la Matrona, Bernardo de los Lobitos, Jacinto Almadén, Roque Montoya, el Sernita…). Es algo tenemos que agradecérselo todos los aficionados, hay quien dice que es como el Antiguo Testamento. Tenía una gran técnica, sin trémolos, ni cosas de esas, pero tenía una justeza de toque, un gran sentido de la música para acompañar. Empezó con Chacón, que le cogió en su última época, y si cogió al del Lunar por algo sería».
Niño Ricardo
Niño Ricardo, «que creará escuela; después de Montoya uno de los guitarristas más influyentes. Su fuerte era el acompañamiento tanto del cante como del baile; cambia algunas formas clásicas de Montoya, introduce arpegios nuevos, muy personales. Es una de las principales referencias para Paco de Lucía, dicho por él Estamos casi en la guitarra actual». Diego del Gastor: «Va a marcar un estilo, el de Morón, con bastantes seguidores, sobre todo de Estados Unidos, y algunos detractores, no sé por qué. Personaje singular, estudió con el guitarrista Pepe Naranjo, y dice que se iba detrás del Niño Ricardo, pero tocaba como le daba la gana, y muy bien, por cierto. Toca a cuerda pelá, dar una nota solo; con un sentido del ritmo muy suyo, diferente del resto… acompañaba bastante bien, aunque no lo hizo mucho, no entró del todo en el mundillo profesional, decía que tenía medios vivir y por eso tocaba cuando quería. Y hacía bien. La sintonía de Rito y Geografía del Cante es una falseta suya».
Inciso: «Los de la escuela catalana acompañan imitando al piano, no usan prácticamente rasgueos, hacen mucho arpegio, melodías (Ramón Caro, por ejemplo). El rasgueo es como el alma flamenca, si se lo quitas al flamenco es como si le quitas el arroz a una paella».
Con unas palabras dedicadas a Esteban de Sanlúcar -«apoyó las primeras grabaciones de Antonio Mairena; su forma de tocar tiene elementos del folklore andaluz, que lleva al campo flamenco, como los panaderos, que popularizó Paco de Lucía«-, la charla llegó a su fin. El tiempo disponible dejó en el aire otros nombres: Melchor de Marchena, Luis Maravilla, Pepe Martínez… y Sabicas. Sobre los que se volverá, tal fue el compromiso con Faustino Dueñas, quien a un@s introdujo, a otr@s recordó el mundo de la guitarra flamenca: «Su dialéctica es sentimental, conmueve o no, pero no tiene que convencer», escribieron los hermanos Caba Landa, allá por principios de los años 30 del siglo pasado, cuando la sonanta pasa a formar, o ya era, parte de la creación del flamenco.
Un libro: La guitarra. Historia, estudios y aportaciones al arte flamenco, de Manuel Cano (Universidad de Córdoba, 1986).
La próxima cita del Club Flamenco, el día 22 de este mes; el asunto a tratar: historia social del flamenco.
Daba comienzo una nueva reunión de la Tertulia Flamenca, en la Biblioteca Pública de Valladolid, con un recuerdo a Pascual Cordero, presidente de la Peña la Siguiriya, fallecido días atrás. Pocos han sido los conferenciantes que han pasado por el Club, al estar pensado éste como un foro de reunión, de participación. Pascual fue uno de ellos y nos habló sobre el flamenco y los flamencos de y en esta ciudad; otro, fue Pedro Sanz y su saber sobre los cantes mineros. Y el viernes pasado, Faustino Dueñas,para hablar de la guitarra flamenca.
Faustino Dueñas
Faustino es uno de nuestros reputados tocaores, un veterano aficionado con mucho saber a sus espaldas y mucho toque en sus dedos. Hombre templado, es miembro de la Tertulia Medinense, de su localidad natal Medina del Campo (en un aparte, nos contó que, además de organizar durante 35 años la Muestra Flamenca en su ciudad, la Tertulia organizó la segunda misa flamenca que se realizó en España, tras la de Sevilla en 1968, aquella que tuvo a Antonio Mairena, Luis Caballero y Naranjito de Triana como protagonistas).
Portada del cd del Club sobre la guitarra, obra de Daniel Villalobos.
La charla de Faustino Dueñas se centró en los comienzos de la guitarra flamenca hasta su asentamiento definitivo -pero no final- con Sabicas como cierre de esta primera, extensa y fecunda etapa en el hacerse del toque flamenco.
Para empezar, la guitarra como instrumento, «que sigue en evolución», apuntó Faustino, y sus constructores, pues, «como me dijo uno de los Hermanos Conde, las hacemos los guitarreros y los guitarristas las acaban». Antonio de Torres, natural de Almería, es la primera referencia conocida como constructor de guitarras flamencas; luego, Francisco Tárrega y el primero de la saga de los Ramírez, de Madrid, quien termina por asentarla.
«La guitarra flamenca viene de la barroca, mucho más estrecha, así como de instrumentos anteriores que se basan en una caja de resonancia y unas cuerdas, como la guitarra latina y la morisca -citadas en las cantigas de Alfonso X-; la morisca va a tener mucha importancia en lo que será la flamenca. La latina era más de pulsar, de punteo; la morisca, que viene del laúd, de rasguear; y la flamenca se distingue por el rasgueo», prosiguió Dueñas, quien no se olvidó de citar a Ziryab e incluso ofrecer un apunte mitológico sobre la creación de la guitarra, con el dios Mercurio como creador (“hizo la primera guitarra del cóncavo de un animal llamado tortuga, consumiendo los interiores de esta y quedando sólo los nervios tirantes”).
Guitarra latina (izq) y morisca, en las Cantigas de Alfonso X.
Situándonos ya en el siglo XIX, encontramos dos formas de tocar, «el toque de punteo, que se llamaba ‘tocar por lo fino’, y el de rasgueo o ‘tocar a lo barbero’, y con el que se asociaba al flamenco de aquellos principios, que era más de acompañar al cante o al baile». Y como sucede en la vida y en el arte, uno y otro se miran, se copian. Así surge la llamada ‘generación perdida’, con nombres como Francisco el Murciano y Julián Arcas, señalado como uno de los precedentes del toque flamenco, «le imitarán todos», los de la época.
Julián Arcas.
Arcas, ‘tocaor fino’, armoniza a los ‘barberos’ o primeros tocaores flamencos que había escuchado, e “improvisaba variantes en el acompañamiento de rondeñas, malagueñas, fandangos, jotas…”.
(Un libro: El guitarrista Julián Arcas (1832-1882). Una biografía documental. Instituto de Estudios Almerienses. 2003).
Toca parar aquí, por hoy, en la charla de Faustino Dueñas sobre la guitarra flamenca (si en lo vertido en esta entrada del blog hubiera algún dato erróneo, sería atribuible a nosotros), y escuchar el primer tema de los varios que sonaron en el Club Flamenco, seleccionados por el conferenciante y reunidos en el cd que se entregó a l@s asistentes. Y ese primer tema es la Soleá de Julián Arcas, interpretada por Alfredo Mesa:
Continuaremos con Javier Molina, Ramón Montoya, Manolo de Huelva, Perico el del Lunar, Niño Ricardo, Diego del Gastor, Melchor de Marchena, Luis Maravilla, Sabicas… gigantes del toque («Ahora se graba con una claqueta, un metrónomo, sin ruido, con lo cual es muy fácil llevar el compás, pero llevarlo sin ninguna referencia salvo tu propio compás interno, el que le tenga, o con unas palmas, hay que ser…». A estas palabras de Faustino, añadimos un enlace con dos entrevistas a Montoya y Molina -para aliviar la espera, por si se hace larga-, aquí).
Fellini, por fin… Es el tercer año del Club y todavía no habíamos visto nada del genio italiano. Asistiremos a Ensayo de orquesta (1979), una gigantesca película “menor”, que dará para un interesante debate. Y más en estos tiempos que corren.
Pero no adelantemos acontecimientos. Para abrir boca, un fragmento sobre Fellini que he encontrado por la red:
“Todo lo que me importa cabe en dos escenas de Fellini.
La primera pertenece a 8 ½. En un relato soñado (aunque, ¿soñado por quién?) Guido se rodea de todas las mujeres de su vida. Como un niño egoísta, exige y ordena y se enfada. De pronto, incluso, hace restallar un látigo. Las mujeres de su vida bailan. Son muchas y bellas. Se atienen a sus órdenes y salen de escena cuando él lo manda. Y sin embargo, a Guido no lo abandonan ni el desconcierto ni la tristeza.
La segunda aparece en Ginger y Fred. Suenan espantosas melodías electrónicas para que Franz Kafka y Marcel Proust bailen frenéticamente en un descampado industrial. Esos espacios le gustaban mucho a Fellini: la maleza periférica frente a bloques de hormigón golpeados por el viento. Kafka y Proust bailan como posesos, iluminados por los neones de un bar de carretera. Los rodean unos motoristas etílicos. Es la posmodernidad como desolación.
Así pues, por un lado, el hombre que trata al amor (y a la memoria del amor) con cobardía. O sea, con crueldad. Por otro, un tratado de sociología de la cultura en un minuto de cine.
El próximo viernes 8 la Tertulia flamenca de la biblioteca, dedicada en esta ocasión a la guitarra, contará con la colaboración de uno de los mayores conocedores y mejores interpretes Faustino Dueñas.
Queremos desde aquí también sumarnos al duelo por el reciente fallecimiento de un gran aficionado y buen amigo Pascual Cordero presidente de la Peña la Siguiriya que apenas hace unos meses compartía con nosotros su experiencia y su conocimiento del flamenco en nuestra tierra.
Este jueves, 7 de marzo, se presentará la película de Adolfo Dufour Andía NOSOTROS (2012), Primer Premio Mejor Largometraje Documental Tiempo de Historia Seminci 2012. Se contará con la presencia del director, productores y protagonistas de la película. Será a las 19:00 horas en el Aula Mergelina en el edificio histórico. Entrada libre hasta completar el aforo.
Por ello, la próxima sesión del Club de Cine no será en la biblioteca, sino en el aula Mergelina de la Universidad (Plaza de la Universidad). Es una gran oportunidad, ya que, al terminar, habrá un coloquio con el director y protagonistas. Será nuestra habitual sesión fuera de la biblioteca (este año todavía no habíamos tenido ninguna). Al finalizar, las cañas acostumbradas no pueden faltar, así es que: ¡que nadie se vaya a casa, por favor, se vislumbra un debate interesante!
Esta es la sinopsis preparada por el equipo de la película:
“En el invierno de 2012, un Madrid, denso, geométrico, guía los pasos perdidos de personas conmocionadas por el despido inesperado del trabajo que hasta entonces realizaban. Un rumbo impreciso alienta sus anhelos de superar el conflicto económico y emocional sufrido. El ámbito del desempleo es colectivo, pero el pago de lo acontecido, personal. El azar voltea las letras perdidas en el tiempo y evoca, metafóricamente, itinerarios novelados muchas décadas atrás por Steinbeck. El camino también reverbera ecos más recientes: siete trabajadores de la Empresa Pública filial de Telefónica Sintel, se suicidaron al poco tiempo de recibir la noticia de su despido. Varios más murieron prematuramente. ¿Los otros? Los otros luchan aún hoy por mantener su autoestima. Han pasado once años desde que el ‘Campamento de la esperanza’ dejase su huella en el centro financiero de Madrid. Tras tantos años, ahora, en el 2012, se celebra el juicio y se desvelan muchas de las claves del entramado financiero político que quebró Sintel. Los trabajadores despedidos de Sintel se vieron abocados a una épica que nunca desearon y superaron obstáculos insospechados. Agradecidos los agasajos y desmentidas las calumnias, todo quedó ya atrás. Desde la dificultad del hoy miran el ayer cuando fueron ensalzados como héroes por los mismos que después les denostaron y ahora les han olvidao. Héroes que ellos no quisieron nunca ser porque sus aspiraciones eran mucho más modestas: volver a ser trabajadores con dignidad, y recuperar para serlo lo que sin ningún sentido ni razón les fue arrebatado. Hoy, todos ellos acometen su presente mirando de soslayo a aquel pasado de conmoción, que cambió su vida e hipotecó su futuro, bien diferente del que entonces podían prever”.
En la sesión pasada vimos La pasión de Juana de Arco, película dirigida por Carl Th. Dreyer en 1928, sobre unos sucesos acaecidos en 1431. Casi seiscientos años después, también con juicio de por medio, los poderosos siguen en el mismo sitio. ¿Es que nada ha cambiado?
El Festival de Las Minas nació de la indignación. De un reproche realizado por parte de quien menos se esperaba. Aquella indignación -y lo que es poco habitual, y menos en estos tiempos- fue atendida. Desde entonces, el Festival se ha hecho Internacional, se ha convertido «en un camino de peregrinación para muchos amantes de este Arte».
La nueva cita del Club Flamenco, de la Biblioteca Pública de Valladolid, volvía a la sierra minera de Murcia, a La Unión, a los cantes mineros. Volvía Pedro Sanz, este pasado viernes, a tomar la palabra para contar a l@s asistentes datos, historias, anécdotas de los 52 años de existencia del Festival Internacional del Cante de Las Minas -este año cumple su edición 53-, «fundamental para recuperar los aspectos formales y musicales de los cantes mineros» y ser un referente mundial en el mundo del flamenco (A la entrada del salón de actos de la Biblioteca, donde se reune la Tertulia, un cartel anuncia el regreso del Café del Sur, y con un recital de flamenco y poesía con Alberto Pascual (cante), Dani Campos (guitarra) y Jorge Múrtula (poemas). Este sábado, día 2, a partir de las diez de la noche).
Empezó la charla con una proyección del vídeo conmemorativo de los 50 años del Festival, Luces en la mina. Sirvió como repaso a la anterior charla de Pedro sobre los cantes mineros, sobre el lugar donde surgieron y las personas que en él vivieron y trabajaron (Juan ‘El Menúo’, minero); así como conocer algunos de sus protagonistas, claves, en la historia del Certamen unionense.
Pedro Sanz se emocionó con las imágenes («perdonad, si hablo más con el corazón que con la cabeza»). Tal ha sido, es la relación del vallisoletano con el Festival, y con el flamenco.
Sabemos, así lo ha contado en persona y en entrevistas, que durante años uno de sus sueños era acudir a La Unión. Y cuando por fin pudo lograrlo, hacia mediados de los 90, fue acogido por las gentes de allí como uno de los suyos (y no es el único caso como recordó en su charla: «Hay mucha gente que no está domiciliada en La Unión y siempre está dispuesta a ayudar. Hasta poniendo dinero»).
Luego, Pedro traería a esta ciudad, la suya, una parte del Festival al organizar las Jornadas Flamencas ‘Ciudad de Valladolid’, cuya programación no sólo acoge una de las pruebas selectivas al concurso minero, sino que cuenta con el apoyo del Certamen en las distintas actividades de su programación.
Pedro Sanz ha sido distinguido con el Carburo de Oro y forma parte de la organización del Festival de Las Minas. Lo cual propicia que disponga de una información privilegiada, que puso a disposición de la Tertulia Flamenca; completada con testimonios de sus encuentros, amistad con personas de La Unión y de su Festival.
Pedro y Morente, en La Unión (Foto: F. Marín).
Gracias a esto pudimos escuchar una grabación inédita, en directo, de Camarón de la Isla del recital que diera en 1989. Un taranto estremecedor. O unas bulerías de El Pele.
Como bien dijo al inicio de su charla, «hoy va a haber sorpresas». Una de ellas, una cinta donde Pencho Cros canta unas mineras a un chaval, recién licenciado de la mili, llamado Miguel Poveda en el año que obtuvo la Lámpara Minera.
Y como creemos interesante lo expuesto, lo contado por Pedro traeremos a este blog buena parte de su charla. Como quién fue ese personaje cuya indignación puso en marcha el nacimiento del Festival de Las Minas.
«Mi objetivo era que supierais que los cantes mineros tienen una procedencia, unas circunstancias muy especiales Al que mejor le oí definir los cantes mineros fue al Alcalde de Madrid, Enrique Tierno Galván, que dijo, en el pregón del año 1983 en el Festival de Las Minas: ‘Son los cantes del trabajo’. Ahora las minas se han convertido en parques temáticos, en alguna se ha hecho hasta un desfile de moda, y también ha bajado algún cantaor o cantaora a cantar. Pero si vas por la sierra de Cartagena-La Unión hay ventas y alguna taberna donde puedes encontrar a alguien echándose un cante por mineras, como este que dice:
Los mineros son leones
que bajan enjaulados.
Trabajan en peñones,
allí mueren sepultados
dándole al rico millones«.
Con estas letras, Pedro Sanz dio por concluida su charla sobre tarantos, tarantas, mineras, cartageneras… los cantes libres, el pasado viernes día 8 en la Tertulia Flamenca, de la Biblioteca Pública de Valladolid (charla que hemos ofrecido, en casi su totalidad, en este blog. Ver etiqueta: cantes mineros).
La cita se abrió con imágenes de la serie de tv, Rito y Geografía del Cante, dedicada a los cantes mineros (la tienen en la Biblioteca), y se escucharon grabaciones antiguas de Chacón, Manuel Torre, Cojo de Málaga, a las que hay que añadir otras -por ejemplo: Manuel el Sevillano, una cartagenera de 1899; Escacena, una taranta de 1908- incluidas en el cd que se entregó como complemento sonoro del tema a tratar, junto a las de cantaor@s más recientes: Pencho Cros, Antonio Piñana, Encarnación Fernández, Miguel Poveda, El Rampa, Cobitos, Mayte Martín, Manolo Romero, Josele de Linares o Curro Piñana.
«Un lujo», resumió con acierto Quique el parecer de l@s presentes sobre lo expuesto por Pedro, «con una cantidad de datos, de primera mano, difíciles de obtener». Miguel apuntó que las primeras referencias a los cantes mineros de los que se tiene conocimiento daten de 1840, fecha coincidente con la seguiriya de El Planeta.
Un asunto aportó debate, la presencia o no presencia gitana en los cantes mineros. «No le meten mano los gitanos a estos cantes, lo más que llegan es al taranto. Manuel Torre fue uno de ellos»… «Sí, la mayoría son payos, pero hay están Chocolate y Camarón, al que le gustaban mucho y quedó sin grabar ese disco suyo, y está documentado, dedicado exclusivamente a los cantes de las minas»… «Hubo gitanos, pocos, obligados por ley a trabajar en las minas de Almadén y en los astilleros de Cartagena hacia mediados del siglo XVIII; al ser un pueblo que no mira atrás, que no se deja hundir por el pasado como los gachós, su alejamiento de los cantes mineros tal vez sea por los recuerdos vergonzosos, deshonrosos que les traen»… «dicen que estos cantes les dan mal fario»… «es por su falta de compás, por sus dificultades, hay que tener grandes cualidades para cantarlos»…
Se habló sobre las condiciones de trabajo de los mineros (la época de los ‘vales’, los partidiarios: formas salvajes de explotación patronal. Quique evocó la Cantata de Santa María de Iquique, del grupo chileno Quilapayún, sobre un sangrante episodio de lucha minera; Miguel apuntó un libro, La Mina, de Armando López Salinas).
Para terminar, Pedro hizo un especial hincapié en Pencho Cros: «Un hombre auténtico. Renunció a fuertes cantidades para ir en espectáculos de Juanito Valderrama, La Paquera, Rafael Farina. Y tenía once hijos. Él era un hombre que quería vivir en su pueblo (La Unión); estaba muy a gusto en la bodega de Lloret o en otras, con sus amigos, con los estudiantes. Y se podía tirar un día entero cantando. Hay tres estilos de minera, la de Piñana, la de Encarnación y la de Cros, que es, ahora mismo, la que más se canta. Esa forma que tenía de cantar el maestro Pencho, ¿era por su comportamiento en la mina?».
Este viernes nueva cita en la Biblioteca dedicada al Festival Internacional del Cante de Las Minas. Algo más que un certamen de cantes mineros, de hecho es una de las citas más importantes del mundo flamenco y su concurso el más respetado. Y Pedro prometió una serie de sorpresas, de documentos sonoros inéditos, incluso para La Unión.
El pasado 7 de febrero asistimos a una sesión histórica de nuestro Club de cine: tras dos años y medio de andadura, por fin las linternas se encendieron pidiendo la suspensión de la proyección. Tal honor le cupo a Sueño y silencio: lo que no consiguió ni siquiera Kiarostami lo logró un cineasta patrio, Jaime Rosales. Para que no se diga.
El debate posterior fue muy interesante, así como las recientes contribuciones a la anterior entrada del blog, sobre la diferencia artificial entre cine de autor y cine comercial.
Para alimentar la discusión, ahí va una crítica a una película portuguesa reciente, Tabú, de Miguel Gomes:
“Inspirada tangencialmente en la última película de F.W. Murnau, esta obra se presenta como una narración en dos tiempos sobre una mujer de pintoresco comportamiento y un episodio romántico de su pasado colonial, al que acceden sorprendidas su criada y su vecina.
Rodada en blanco y negro y con guiños de complicidad u homenaje al cine mudo, la película del portugués Miguel Gomes se empeña en una supuesta originalidad que empieza a ser receta de ese cine más contemplativo que narrativo que triunfa en los circuitos festivaleros y fracasa sistemáticamente en la taquilla.
El ritmo pausado, una peculiar manera de contar, cocodrilos simbólicamente enigmáticos, cierto manierismo semioculto tras una evidente vocación de estilo desaliñado, como primitivo y naif, son las señas de identidad de una película que despierta fervor reverencial entre determinados sectores de la crítica y pone barricadas de autoconsciencia y pretendida exquisitez frente a públicos más convencionales.”
ALBERTO BERMEJO (en Metrópolis, 8 febrero 2013)
¿Una supuesta originalidad que empieza a ser receta de ese cine más contemplativo que narrativo que triunfa en los circuitos festivaleros y fracasa sistemáticamente en la taquilla? ¿Estáis de acuerdo?
Este viernes, 8 de febrero, hay cita con el Club Flamenco en la Biblioteca Pública de Valladolid. El tema a abordar son los cantes mineros, los cantes de Levante; con un añadido, dentro de 15 días, centrado en el Festival Internacional del Cante de Las Minas, conservador y difusor de dichos palos flamencos.
Pedro Sanz, responsable de la coordinación de las Jornadas Flamencas ‘Ciudad de Valladolid’ -tan relacionadas con el Festival de La Unión-, se encargará de introducir a l@s asistentes de la Tertulia Flamenca en la historia y conocimiento de los cantes mineros, y del festival minero.
Desde este blog aprovecharemos lo dicho en estas charlas, y dar especial protagonismo a estos estilos flamencos en varias de las próximas entradas.
Para empezar, ofrecemos un listado de libros relacionados con el tema a tratar en el Club Flamenco:
–Andrés Barceló Arneo: Cartageneras. Artículos, Canciones, Tangos, Carceleras y Cantares Originales y Populares. Imprenta Briasco (Cartagena, Murcia. 1920).
–Luis Díaz Martínez: Marín, Castillo, El Minero. Los tres puntales del trovo. Edición de autor (Murcia. 1977); Vida del Trovero Cstillo. Arráez Editores (Almería. 1994. Redición revisada de la 1ª de 1972).
–Ana María Díaz Olaya: Minería, flamenco y cafés cantantes en Linares (1869-1918). Signatura Ediciones (Sevilla. 2008).
–Pedro Fernández Riquelme: Los orígenes del cante de las minas. Guía crítica a través de la discografía y los textos. Ed. Infides (Murcia. 2008).
–Génesis García Gómez: Cante flamenco, cante minero. Una interpretación sociocultural. Ed Anthropos (Barcelona. 1993).
–José Gelardo Navarro: Las claras del día. El flamenco en la ciudad de Murcia a finales del XIX. Historia y Crónicas. Ed Nausícäa (2003); Con el flamenco llegó el escándalo. Cartagena-La Unión. Siglo XIX. Ed. Azarbe (Murcia. 2006); El Rojo el Alpargatero, flamenco. Ed Almuzara (Murcia. 2007).
–José Manrique López y Diego Alba Villagrán: Los cantes de La Unión y Cartagena. Ed. Casa Regional de Murcia y Albacete (Barcelona. 1978).
–Antonio Merino Fernández: Luna de Plomo. Recuerdos de un minero. Ed. Caja Rural de Jaén (2009).
–José Luis García Navarro e Ino Aki: Cantes de las minas. Ediciones La Posada (Córdoba. 1989).
–Antonio Parra: Don Antonio Piñana, una voluntad flamenca. Ed. Nausícäa (Murcia. 2002).
–Juan Ruipérez Vera: Historia de los Cantes de Cartagena y La Unión. Ed Corbalán (Cartagena, Murcia. 2005).
–Asensio Sáez García: Libro de La Unión. Biografía de una ciudad alucinante. Ed. Ayto, de La Unión (1957); La Unión. Aproximación a su Etnología. Ed Ayto. La Unión (1988); Crónicas del Festival Internacional del Cante de Las Minas. La Unión 1961-2001 (ampliado hasta el 2008 junto a José Alfonso Pérez) Ed Ayto. de La Unión (2001., 2008).
–Andrés Salom Amengual: Los cantes libres y de Levante. Ed Biblioteca Básica Murciana (1982).
–Sebastián Serrano Segovia: Marín, rey del trovo. Ed. Ministerio de Cultura (Madrid. 1980).
–Varios Autores: Pencho Cros. Torre de penas y coplas. Ed. Ayto. de La Unión (2008).
–María Jesús Villar Martínez: Pencho Cros. El regalo de una voz (Ayto. de la Unión. 2006).
–Pencho Cros: Letras de Cante. La Carpeta de Pencho Cros. Festival de La Unión (1989).
–Rogelio Mouzo Pagán: ‘El Minero’ Manuel García Tortosa. Troveros de la Tierra (Consejería Cultura Murcia. 1996).
–Cristina Cruces Roldán: Clamaba un minero así… Identidades sociales y trabajo en los cantes mineros. Universidad de Murcia-Ayto de La Unión (1993).
–Francisco Hidalgo: Cante de Las Minas. Notas a pie del festival. Ediciones Carena (2008).
Otros títulos y autores podrían añadirse a la lista, al formar estos cantes parte de la historia del flamenco y del hacer de much@s cantaores y cantaoras tal y como se da cuenta de ello en las biografías de Manuel Escacena, El Cojo de Málaga, Manuel Vallejo, Niño de Marchena, Juan Varea, Rafael Romero, Manuel Torre, Niña de los Peines, Pepe el de la Matrona o Antonio el Chaqueta, entre otros, incluso en la de Antonio Mairena, aunque sea por no citarlos -los cantes de Levante crean un agujero en su tésis del cante gitano-, pero sobre en la de dos cantaores: D. Antonio Chacón –Vida y cante de Don Antonio Chacón, de José Blas Vega. Ed. Cinterco. Madrid. 1990- y Juanito Valderrama –Mi vida y el cante, de Antonio Murciano y Juan Valderrama. Dip. Prov. Jaén. 1994-. El primero les dará como carta de naturaleza dentro del flamenco; el segundo, decisivo en la creación del Festival de Las Minas.
Gracias a quienes ya saben y Fundación Cante de Las Minas en la elaboración de la bibliografía. Y para ir entrando en ambiente:
Si te interesa el tema puedes consultar el siguiente enlace donde nos cuenta su autor los orígenes, la consolidación, renacimiento y triunfo del cante minero:
El próximo jueves, 7 de febrero, a las siete de la tarde, veremos La soledad (2007), de Jaime Rosales. Siguiendo con nuestra costumbre, no haremos ningún comentario sobre la película, para que no nos condicione nuestra recepción y valoración de la misma. Pero sí me parece interesante subir al blog un artículo de su director, Jaime Rosales, escrito a propósito de la muerte de Eric Rohmer (de quien vimos el primer año El rayo verde, que seguro recordaréis).
Ahí va; espero vuestros numerosos e interesantísimos comentarios:
“Eric Rohmer me parece un cineasta muy importante. No creo que lo sea realmente para mucha gente. Me explico: no creo que sea un cineasta muy influyente. Existe una costumbre entre la crítica especializada que consiste en citar –sobre todo cuando se trata de hablar de una primera o segunda película de un cineasta– a un referente indiscutible dentro de la historia del cine que acompañe la valoración de esa primera o segunda obra. Es una manera de ayudar al lector –candidato a espectador de esa película– para que se oriente sobre lo que puede acabar viendo si decide superar la pereza y las incomodidades de salir de su casa y comprar una entrada en un cine cerca del barrio. Entre los más citados y, por ende, más influyentes dentro de la cinefilia estarían Bresson, Bergman, Godard, Cassavetes, Antonioni, Tarkovski; o dentro del mal llamado cine comercial, Spielberg, Hitchcock, Wilder, Tarantino, Allen, los hermanos Coen y muchos otros.
Pocas veces encontraremos entre ese tipo de crítica un apunte dirigido a la figura de Eric Rohmer. ¿Por qué? ¿Acaso no posee Rohmer un estilo suficientemente marcado? Yo creo que sí. Rohmer posee un estilo inconfundible. Dentro de los cineastas de la Nouvelle Vague posiblemente Rohmer presente el estilo más claramente reconocible. Más reconocible sin duda que el de Godard, Truffaut, Chabrol o Rivette. ¿Acaso no se hacen películas tipo Rohmer dentro de las nuevas propuestas cinematográficas? Posiblemente no o muy pocas. ¿Por qué? Porque, en primer lugar y sobre todo, el cine de Rohmer es un cine profundamente personal, y hoy en día nadie hace realmente películas profundamente personales.
El sistema de representación institucional que impera en el cine hegemónico –por recoger la terminología de Luis Alonso García en su extraordinario libro Lenguaje del cine, praxis del filme– no lo permite. Incluso se puede decir que está mal visto hacer películas personales. De lo que se trata es de hacer películas que se parezcan a otras películas. De lo que se trata es de hacer películas de género que nos cuenten lo que ya sabemos y que nos muestren lo que ya hemos visto. Al fin y al cabo esto es un negocio.
Dudo que Rohmer ganara dinero con sus películas. Desde luego, no con las primeras que son, a mi juicio, las más interesantes. Me entusiasma sobremanera La rodilla de Claire aunque, curiosamente, mi primer recuerdo de Rohmer no está en una de sus películas. La primera vez que oí hablar –o, mejor dicho, que leí sobre la figura de Rohmer– fue en otro libro extraordinario, Días de una cámara, de Néstor Almendros. Yo era estudiante de cine en Cuba; y siendo estudiante lo que más me chocó en los capítulos que Néstor Almendros dedica al maestro francés tiene que ver con el ratio de rodaje empleado en las películas que rodaron juntos. Para los menos conocedores de la profesión, el ratio de rodaje es la relación entre la totalidad del material rodado y la duración final de la película. Es un aspecto importantísimo dentro de la fabricación de películas pues, como sabemos, rodar es muy caro y a más alto ratio, más coste; mientras que a menor ratio menor coste. Una película española normal se mueve alrededor de un ratio de uno a 12, mientras que una de Hollywood lo hace en un ratio de 1 a 40. El caso de Rohmer es sorprendente. Sus primeras películas logró hacerlas dentro de un ratio de uno a 1,5.
Esto quiere decir que las hizo estrictamente a toma única y sin prácticamente ninguna posibilidad de desdoblar planos. Sus películas eran muy baratas. Muy baratas y muy personales. Pero ya he dicho que hoy en día está mal visto hacer películas muy personales. Parece que también está mal visto hacer películas muy baratas.
Y el caso es que aquí estamos hoy escribiendo sobre Eric Rohmer. Escribimos en España sobre Rohmer; escribimos, cómo no, en Francia sobre Rohmer; escribimos, con seguridad, en EEUU sobre Rohmer; en Japón, en Australia, en Dinamarca y en Brasil. Posiblemente hasta en Burkina Fasso escriba alguien hoy algo sobre Eric Rohmer. Y la pregunta que me hago es ésta: ¿sirve de algo escribir sobre Rohmer? Y me la contesto a mí mismo: depende. Depende de si seguiremos queriendo hacer y si seguiremos queriendo ver – esto es lo más importante, pues en el espectador acaba el meollo de todo este asunto– películas que se parezcan cada vez más las unas a las otras, o si por el contrario, querremos descubrir nuevas películas que nos sorprendan. Aunque sean baratas y personales.
Adiós maestro y ¡hasta siempre!” (Jaime Rosales, Películas personales y baratas, El mundo, 12 de enero de 2010).