El jueves, 24 de enero, a las 19,00 horas,en el Salón de Actos de la Biblioteca Pública de Valladolid (Plaza Trinidad, 2), se presentara el libro:
Las tres vidas de Jules Dassin (1911-2008 ): del cine negro al Nuevo Museo de la Acrópolis. Saarbrücken, Akademikerverlag 2012.
Participarán en el acto: Amor López Jimeno, profesora de Filología Griega de la Universidad de Valladolid y Embajadora del Helenismo de la Comunidad de Atenas, Pilar Paz, historiadora, y Arturo Dueñas, Director de cine y del “Club de cine espigadores” de la Biblioteca.
A continuación: sesión del Club de cine:
Proyección Noche en la ciudad, de Jules Dassin, y Coloquio
En la pasada sesión disfrutamos de una trepidante película. Sin embargo, quedó en el aire una pregunta: ¿por qué corría Lola?
Estas son las posibles respuestas:
1. Aristóteles: Está en la naturaleza de las mujeres correr cuando tienen prisa.
2. Platón: Porque buscaba el bien de su novio.
3. Marx: Es una inevitabilidad histórica correr cuando te necesitan.
4. Moisés: Y Dios bajó de los cielos y le dijo a Lola: «Corre». Y Lola corrió.
5. Freud: El hecho de que Lola corra y su preocupación revela claramente que posee una inseguridad sexual.
6. Darwin: A lo largo de grandes periodos de tiempo, las mujeres han sido seleccionados naturalmente de modo que ahora tienen una disposición genética a correr.
7. Einstein: El si Lola corre o es el mundo el que gira debajo de ella depende de tu marco de referencia.
8. Hitler: Para demostrar al mundo que las arias teutonas pueden correr más que ninguna.
9. Nietzsche: Lola corrió para matar a Dios y ocupar su lugar.
10. Maquiavelo: La cuestión es que Lola corrió. ¿A quién le importa el porqué? El fin de llegar a tiempo justifica cualquier motivo.
Terminadas las fiestas, el Club de cine de la Biblioteca Pública de Valladolid retoma su actividad. Será hoy mismo, jueves, 10 de enero, a la hora habitual (las siete de la tarde) y en el sitio de costumbre (el salón de actos de la biblioteca pública).
La primera (y deseada) película del nuevo año será Corre, Lola, corre (Tom Tykwer, 1998), una peli alemana muy apropiada para ponernos las pilas justo al comienzo del año.
Según la costumbre del club, no haremos ninguna presentación, con el fin de visionar la película sin ningún prejuicio. Solamente dejaremos una pregunta en el aire:
«¿Y si pudieras intentarlo otra vez?»
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Este trimestre tendremos muchas novedades, de las que hablaremos (y sobre las que decidiremos) hoy mismo antes de comenzar la proyección. Pero va un adelanto de la próxima sesión (24 de enero): será una sesión de puertas abiertas a la que estarán invitados también todos los miembros de los otros clubs, en la que se presentará un libro recién publicado sobre un director de culto que trabajó en Estados Unidos, Francia y Grecia, veremos una de sus películas y debatiremos… con la propia autora.
Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, es decir, que estamos en estas fechas navideñas, la Tertulia Flamenca de la Biblioteca Pública propuso para su última reunión del año, los villancicos flamencos.
Parecía un tema menor, no muy motivador. Y es que esta ciudad no es Jerez, ni su región es Andalucía, donde se viven los villancicos de la manera que nos mostró la primera proyección, y que podéis ver en la anterior entrada, donde de paso se cuenta, se pone en situación sobre la Navidad flamenca, sobre su historia, el sentido de una celebración colectiva, participativa de todo tipo de gentes.
Aquí, en esta tierra, hay como una cierta resistencia hacia este género folklórico de los villancicos, cuando no directamente un rechazo por parte de algun@s, por el uso y abuso, la apropiación que de ellos se ha hecho a lo largo de la historia -de la iglesia a los supermercados, por resumir-; también que somos algo más ‘secos’ a la hora de exteriorizar nuestras pasiones y sentimientos. Compárese nuestra Semana Santa con la andaluza.
Pero pronto íbamos a ver que el tema a tratar nos iba conducía hacia terrenos… mayores; incluso, a montarnos nuestro pequeño Jerez navideño motivados, tanto da, por los villancicos flamencos o simplemente el flamenco (como siempre, después de la Tertulia).
“Los villancicos flamencos tienen sello de cante grande, es una creación fantástica que han hecho l@s cantaor@s”, se dijo sobre estas coplas antiguas, cosas de villanos, como se llamaba a los habitantes de las villas, las ciudades y aldeas medievales; término -villancico es un diminutivo de villano-, por aquel entonces, sin el significado despectivo, peyorativo que posteriormente ha adquirido.
Al integrarle en su mundo, el flamenco salvó el villancico del museo arqueológico o folklórico, le dio una nueva vida, recogió sus letras e incorporó otras. “Tratan los temas religiosos con una familiaridad que da la sensación que esa Virgen estuviera ahí al lado; adquieren un talante de naturalidad, cordialidad; tutea al santoral y la Santísima Trinidad, con gracia –’la virgen era gitana / y San José era gachó‘-, y se aprovecha para la juerga”.
A través de esta «cohabitación» se nos muestra la manera de obrar, de ser del flamenco, recipiente en ebullición donde caben múltiples ingredientes, músicas de diversas partes y épocas, que tras un proceso de refinación, de destilación viene a originar música tan particular, singular, única. “Si el flamenco estuviera en nuestra Constitución, cabíamos todos”.
“Estos villancicos me parecen de lo menos gitano dentro del flamenco, y creo que ellos son conscientes. Lo que pasa es que son muy musicales y lo hacen muy bien”, se aventuró en la Tertulia, dando pie a entrar en el constante, histórico debate entre cante gitano y cante flamenco.
Terrenos mayores. Pero la Tertulia Flamenca propicia algo más que el comentario erudito, la intuición sabia; afloran recuerdos personales suscitados por una conversación, un cante o la visión, en este caso, de cómo celebra la Navidad la familia de El Sordera (del programa Rito y Geografía del Cante): “La primera vez que yo bailé fue, siendo un niño, en una matanza, en la mesa donde se iba a destrozar el cerdo. Y se hacía juerga después”. Y el aire de fiesta que desprenden y envuelve a los villancicos flamencos o el flamenco -tanto da, pues como en la magia, lo de arriba es igual a lo de abajo- se iba contagiando por el salón de actos de la Biblioteca.
Y Jerez y sus Zambombás eran mentados y alguno, con más intensidad que otr@s, podía ‘ver’ el Barrio de San Miguel, la Plazuela, la Cruz Vieja, la Plaza de Plateros, tal y como están ya desde hace días, semanas: a rebosar de gentes. Cantando, día y noche, villancicos, por bulerías o tangos (y en Málaga por verdiales, en Huelva por fandangos… cada zona de Andalucía por su estilo Y no olvidamos a Arcos de la Frontera, el otro gran centro de esta fiesta, este cante navideño).
Y nos acordamos de otros villancicos como Los Campanilleros, los de Manuel Torre y La Niña de la Puebla, tras oír la versión de Agujetas; sin olvidar que también aquí, “en los barrios de esta ciudad, Las Delicias, La Pilarica, La Victoria… se daban. Pero ha desaparecido. Por las circunstancias de los tiempos –los discos, la tv…-, y no creo que el villancico se sienta como se sentía antes. A lo mejor, afortunadamente, pero también se ha destruído ese espíritu de hermandad que surgía en estas fechas. Y además generaba un poder dentro del proletariado”. Cosas y cantes de villanos.
El flamenco es tan generoso, tan auténtico, está tan “impregnado en la cultura del pueblo llano”, sabe tanto de cohabitar culturas, religiones, pensamientos, filosofías… en paz y armonía que tiene cosas como estas:
Hay dos etapas en el calendario flamenco que se celebran de manera especial, ambas tienes connotaciones religiosas, la Navidad y la Semana Santa; en las dos, se practica de manera distinta. Una de alegría; la otra, de solemnidad y respeto, y en ambas participan con la misma fuerza tanto creyentes como los que no lo son.
Esta peculiar tradición de la Navidad flamenca se remonta al siglo XVIII, surge en los patios de vecinos de los barrios más humildes de Jerez, de Santiago y San Miguel. En las viviendas jerezanas de entonces había poca intimidad y mucho contacto. En una misma casa vivían cinco o seis familias; algunas veces, sin ningún vínculo familiar, compartían el inodoro, la pila de lavar, la cocina con un gran fogón y la cena de Navidad la compartían en el lugar más espacioso del inmueble: el corral (para que aprendan del salvajismo tabernario de Eugenio Noel).
En este ambiente familiar, festivo, de esta celebración tan religiosa como pagana se forma un caldo de cultivo perfecto para que se desencadene la faz más extrovertida del flamenco y, también, más controvertida. El flamenco se ha encargado de pasar por su tamiz decenas de villancicos procedentes de la tradición popular castellana, no solo andaluza.
Al son de la tinaja y la típica “botella de Anís”, entonaban los villancicos religiosos o profanos, a veces hasta anticlericales o picantes.
De estas citas de entonces queda la esencia. Ahora, las celebraciones son más colectivas, se organizan en asociaciones familiares, peñas, hermandades, en bares, en las plazas de las calles…
Con el paso de los años esta fiestas también se han profesionalizado y exportado, se afirma que Parrilla de Jerez fue el primero que la llevó fuera como espectáculo y, luego, los demás han seguido sus pasos teniendo especial signifcancia la denominada ‘Zambomba’ Jerezana.
La discografía flamenca guarda celosamente testimonio de estos villancicos jondos desde sus inicios. Existen grabaciones de pizarra, registradas entre los años treinta y cincuenta y vinilos posteriores de cantaores como El Niño Gloria -de quien se dice que debe su apodo, precisamente, a un villancico que cantaba-, Bernardo de los Lobitos, Manolo Caracol, Gracia de Triana, La Paquera de Jerez, Niña de la Puebla, Canalejas de Puerto Real, Lola Flores, Niño Marchena, Enrique Montoya, Niña de los Peines, Manuel Vallejo, Rafael Romero, Morente, Camarón, José Menese… Se puede afirma que todos y todas los cantaores y cantaoras han cantado y grabado villancicos.
(Vídeo perteneciente a la película Flamenco, de Carlos Saura, con La Macanita al cante, el coro de Tío José de Paula y las guitarras de Juan Parrilla y Niño Jero).
(Camarón de la Isla en el documental del dvd, París 87/88).
«Los flamencos hemos sufrido con Manolo Caracol«, se dijo el pasado viernes en el Club Flamenco. Por sus zambras -«nos gustan, pero…»-; por que no a tod@s termina de convencer como cantaor, mientras otr@s no tienen ninguna duda de su valía; por su pasado ¿colaboracionista? o colaboracionista con la tiranía del general Franco.
Manolo Caracol como fenómeno, como artista, como ¿genio? del flamenco, protagonista de nuestra Tertulia Flamenca, como siempre en la Biblioteca Pública de Valladolid. «Mirad de dónde viene»: es la historia del flamenco desde El Planeta, su tatarabuelo y primer cantaor conocido como tal, hasta que se detiene en él (y en Antonio Mairena) a partir de la postguerra Civil, de la consolidación de la tiranía franquista.
Con Lola Flores.
Caracol conoce el éxito, popular y económico. Con Lola Flores arrasa (estrenan su espectáculo, Zambra -1944-, en el Teatro Carrión, de esta ciudad; si se triunfaba aquí, el triunfo estaba asegurado. Esa fama tenía Valladolid.). «El Arte de los Negocios es el paso que sigue al Arte» (Andy Warhol). Manolo Caracol es flamenco, es gitano. Dos términos ante los que el Arte, según los cánones académicos, calla, pero no termina de otorgar (Mi suegra, Lucila, 97 años, recuerda que actuó con Lola Flores en Santander -el teatro se llenó- y escuchó decir a algun@s que acudieron a verles: ‘Si hasta huelen mal’. A Lucila, le gustaban los dos).
La Tertulia siguió hablando: «Cantaba tan bien, que no podía cantar mal… el mejor cantaor que ha habido en el cuarto… en su voz se puede intuir cómo cantaba Manuel Torre, El Nitri… su voz, afillá, es una de las de las más bonitas que ha habido en la historia del flamenco… Se le deben muchas cosas… Dejó su genialidad en la médula espinal de much@s cantaores y cantaoras… Se le escucha más y mejor ahora… «. «»No arriesgaba en el cante… sus cantes no se pegan tanto como los de otros…».
Con Fernando Terremoto.
Al tiempo, le oímos, y vemos, hablar sobre sí mismo, cantar por siguiriyas, por soleares; imágenes del programa Rito y Geografía del Cante, de cuando se había retirado a su tablao, su castillo, Los Canasteros («Allí no cantaba, salvo cuando iba un buen cantaor»); también suenan sus zambras, su Niña de Fuego -«todo es cante»-; y tenemos frescos sus cantes por el disco del Club.
La portada es de Alberto Valverde, de un cartel que hizo para el Festival Flamenco de Manosque (Francia) en 1989. Alberto se había trasladado al país galo en 1975. Pasaron los años. Sí, le gustaba el flamenco por aquel entonces, pero no tanto como el jazz (su disco preferido, los conciertos de Colonia, de Keith Jarret). En Francia, un día de la década de los 80, había estado con unos amigos, la reunión se alargó hasta la madrugada. Regresaba a casa, casi amanecía, cuando en una plaza solitaria escucha cantar flamenco… Alberto no continúa el relato: el flamenco pasó a ser algo más que un gusto para él. Lo cuenta en el bar al que hemos ido después de la Tertulia, donde prosigue la charla sobre Manolo Caracol.
Hubo más durante la Tertulia («En mi pueblo no había ninguna guitarra y se criticaba a los que cantaban con ella; así ya se puede, decían los viejos. No estoy de acuerdo con quienes dicen ‘los de antes suenan mejor que los de ahora’. No se admite que pueda salir un cantaor mejor que los de antes, y antes. Camarón era mejor que Caracol, para mí»). Y más que quedó.
Libros: El cante flamenco, donde Ángel Álvarez Caballero traza su biografía (Alianza Editorial. 2004); Sobre Camarón (Editorial Alba), donde Carlos Lencero relata el duelo entre el genio de la Isla y -el de- Caracol. Camarón será la siguiente entrada en la historia del flamenco. ¿Las zambras de Caracol, su Leyenda del tiempo? Los verdaderos artistas sienten mejor aquello que les falta, ¿qué le faltaba a Manolo Caracol?
(Como cierre de esta entrada se nos ocurre poner una versión de La niña de fuego. Está la de Buika, en su disco del mismo título que la canción de Caracol. Y teniendo mucho cariño y en alta, muy alta estima a Buika -la traeremos aquí-, hemos optado por esta de Pony Bravo, grupo sevillano de reciente formación):
Este viernes el Club Flamenco aborda la vida y obra de un cantaor personal como pocos, de uno de los gigantes del flamenco.
«Manolo Caracol era un cantaor largo, grande. Cuando cantaba por seguiriyas, y estaba a gusto, entre cante y cante, lloraba. Era tan generoso Manolo Caracol que, si una tira de cantes le salía mejor que regular, y lo notaba en los rostros de quienes le hacían corro, haciendo partícipes a los que escuchaban, decía:
Se ha cantado bien.
Cierta noche no le habían salido derechos los soníos negros. Estaría rozao, que dicen los cabales. Volvió tarde, a las claras del día, a su chalet madrileño en las afueras, desayunó y fue al baño, estaba enjabonándose la cara para afeitarse antes de ir a dormir (era un dandi a su manera) y comenzó a cantar, se templó por derecho, comenzó a encontrarse a sí mismo, las duquelas malinas apretaban, y se tiró cantando, solo, sin guitarra ni gente escuchando, más de tres horas. Sólo le vio la familia. Entre cante y cante, lloraba».
Tenemos ganas de escucharle y de lo que se dirá de él por parte de l@s asistentes (de momento este texto de Miguel Ángel Galguera, tomado de su -inédito- Callejero sentimental).
Como anticipo de lo que se espera se entregó en la anterior reunión un disco con 19 cantes: fandango, siguiriya, alegrías, tientos, mirabrás, fandango de Huelva, caña, siguiriya del Marruro, martinete, soleá de Joaquín el de la Paula, fandango de Manuel Torres, soleá de A. Frijones, bulerías, malagueña de Enrique el Mellizo, canción por tientos, zambra (3) y carcelera.
Y como es habitual el disco cuenta con una portada, en esta ocasión un original del pintor Alberto Valverde, que os mostraremos cuando toque hacer el resumen de esta nueva cita de la tertulia flamenca dedicada a Manolo Caracol.Otro asunto también para este viernes. A partir de las nueve y media de la noche en el Café España, ‘Velada Flamenca’, con el cante de Carlos Garnacho y Elisa Gabarri, quien también estará al baile; las percusiones de Alberto Farto ‘Juguillos’ y Monder Rodríguez, y la guitarra Carlos Posada ‘Pochaca’. Los dos Carlos son los profesores e impulsores del Taller Flamenco y como el resto de acompañantes de esta velada son de esta ciudad, y con experiencia musical más que contrastada. El precio de la entrada es de 5 euros. Animarse.
(Por último, y no menos interesante, este sábado, 1 de diciembre, Ricardo Ferñández del Moral, ganador de La Lámpara Minera 2012, ofrecerá un recital en el Museo Minero de Sabero, León, a las siete de la tarde. También decir que este viernes, en el Pabellón Multiusos, de Salamanca, otra Lámpara Minera: Miguel Poveda, a las nueve de la noche. Todo muy cerquita, y con calidad).
Como es habitual, una semana antes de la Seminci comenzamos una nueva edición del Club de Cine de la Biblioteca Pública de Valladolid, la tercera.
Nuestro objetivo: descubrir películas difíciles de ver en los canales habituales y, tras la proyección, intercambiar opiniones sobre ellas, sobre el cine y sobre la vida en general. Al igual que Agnès Varda en Los espigadores y la espigadora (2002), que inauguró el club, queremos recolectar imágenes, ideas, sensaciones… del mundo que nos rodea, de los libros que leemos, de la música que escuchamos, de las películas que vemos.
En las dos ediciones anteriores hemos disfrutado (y sufrido, a veces) con Rossellini, Winterbottom, Lukas Moodysson, Kieslowski, Cronemberg, Kore-eda, Roy Andersson, Kiarostami, Rodrigo García o Zhang Yimou; hemos buscado el rayo verde con Rohmer, nubes pasajeras con Kaurismäki y un beso a medianoche con Alex Holdridge; enmudecimos con King Vidor, enviamos nueve cartas a Berta con Martín Patino, hicimos planes para mañana con Juana Macías, acompañamos a José Saramago y a Pilar, disparamos al pianista con Truffaut, enloquecimos de celos con Buñuel, bailamos con Mamoulian y su bella de Moscú…
A veces nuestras sesiones tuvieron lugar fuera de la biblioteca, en la Sala Borja, en el Museo de San Gregorio (inolvidable el plano-secuencia de 95 minutos del Arca rusa de Sokurov), en Caja España o en Vallsur, asistiendo a sesiones de cortos de La fila o de No es largo todo lo que reluce. Hicimos una sesión de puertas abiertas en solidaridad con Jafar Panahi y contamos con invitados de excepción, como Leandro Velasco, que nos presentó su documental Llora el manglar, o como los protagonistas de Aficionados, que nos contaron el proceso creativo de la película, rodada íntegramente en Valladolid.
Y participamos en algunos rodajes, como ¿A ti tampoco te gusta el cine español? y, sobre todo, 2011, una odisea en la biblioteca, donde los miembros del club fueron guionistas y equipo técnico y artístico del cortometraje dirigido por Zeus Pérez y Jorge Vallejo. El colofón fue el flashmob del coro de góspel Good news, cuando sorprendimos a los usuarios habituales de la biblioteca pública, y que ya lleva en Youtube… ¡más de 50.000 visionados!
Este año hemos comenzado con El declive del imperio americano (Denys Arcand, 1986) y terminaremos con los mismos personajes diecisiete años después (Las invasiones bárbaras, 2003). Entre medias: Dinero caído del cielo (Herbert Ross), Corre, Lola, corre (Tom Tykwer), Días del cielo (Terrence Malick), Speaking parts o Ararat (Atom Egoyan), Gato negro, gato blanco (Emir Kusturica), Cathy come home (Ken Loach), El foso (Ricardo Íscar), Las horas del día o La soledad (Jaime Rosales), Ordet o La pasión de Juana de Arco (Carl Theodor Dreyer), Laura (Otto Preminger), El desencanto (Jaime Chávarri), I vitelloni o Amarcord (Federico Fellini), 4 meses, 3 semanas, 2 días (Cristian Mungiu), En tierra hostil (Kathryn Bigelow), Coffee and cigarettes (Jim Jarmusch), Kerity, la casa de los cuentos (Dominique Monfery) o El libro de Kells (Tomm Moore)…
Bienvenidos al club, bienvenidos a la comedia de la vida.*
Por tangos empezó la nueva cita de la Tertulia Flamenca. Suenan acompañando las imágenes de un vídeo -extraído de la serie de tv, El Ángel– de una reunión de flamencos de Triana; ahí aparecen El Titi y otr@s venerables viej@s gitan@s bailando por tangos. Baile racial, instintivo, espontáneo, gitano, de patio, familiar, el de la juerga; el alejado de los escenarios, el narrativo, teatralizado. Un baile que pellizca o con pellizco. Por el que está la mayoría de l@s presentes, tal y como expresaron el pasado viernes en nuestra sede habitual de la Biblioteca Pública de Valladolid.
Tras la proyección, introducción histórica del asunto a tratar, el baile flamenco. Un breve, resumido repaso por sus orígenes -«a mediados del siglo XIX se recogen las primeras referencias»-, lugares -salones, academias, cafés cantantes, donde el baile predominaba más que el cante-, nombres… un listado enorme.
De l@s primer@s se toma como referencia a Fernando de Triana y su libro, Arte y artistas flamencos: La Campanera, La Candelaria, La Perla, El Jerezano… Miracielos, El Raspao, Antonio Paéz el Pintor, María la Chorruá, Manuel Jiménez Hernández -hermano de El Mellizo-, La Sordita -hija de Paco la Luz-, Trinidad Puertas, Antonio el de Bilbao, discípulo de Enrique el Jorobado -de este decía Vicente Escudero que tenía una joroba delante y otra detrás, pero cuando bailaba se ponía bonito-… Los bailes de candil, el baile de la mosca, la cachucha, la zambra -llegó a estar prohibida por los gobernantes; como los tangos gitanos que «no se podían bailar en todas partes, por las posturas, que no siempre eran lo que requerían las reglas de la decencia» (José Otero en su libro, Tratado de Bailes)-, la alboreá…
Y con Escudero, seguimos con La Argentina, Pastora Imperio, La Argentinita, su hermana Pilar López, Carmen Amaya, Antonio… Y después, Gades, El Güito, Maya… Farruquito, Israel Galván… Baile español, escuela bolera, danza clásica, contemporánea…
Hemos clavado la puntera, y ahora cae el tacón. Se habla de lo sabido, leído -sólo una referencia, entre tantas, El baile flamenco, de Ángel Álvarez Caballero (Alianza Editorial, 1999)- y visto. L@s asistentes al Club mantienen la preferencia por el baile espontáneo, sensual, apreciando el mérito de los artistas que parece se han alejado de él, pero «tod@s tienen que pasar por esa escuela».
Turno en la pantalla de proyecciones para un Maestro de bailaores y bailaoras, Enrique el Cojo, ciertamente cojo, y gordito y calvo, que «movía las manos como nadie». Recordaba el Maestro José Otero en su citado libro -publicado en 1912 (reeditado por la Asociación Manuel Pareja-Obregón, en 1987)- a otro personaje ‘singular’, María Cazuela, bailarina callejera que gozó de gran popularidad entre 1870 y 1878: «Fea y contrahecha, era a más tuerta de un puntapié que le dio el novio estando pelando la pava y que más tarde tuvo que casarse con ella e indemnizarla. Era gitana por los cuatro costados… muy desvergonzada y usaba un lenguaje tabernario… en sus expresiones a veces era graciosa…». Individualismo, personalidad, intuición.
Vemos también a Carmen Amaya en dos tipos de baile; a Farruco, el patriarca de la estirpe actual. Qué envidia de bailar así; se va abandonando el ‘entender’ los por qués del baile flamenco y un trance parece recorrer los asientos del Club, como en el que se sumergen los bailaores y bailaoras que hemos visto. Punta, tacón, planta…
Terminamos con la escena de Antonio Gades en la película Los Tarantos, bailando en las Ramblas. Al salir de la Biblioteca, más que hacerse unos cantes, lo que dan ganas es de hacerse unos pasos. Y se propone continuar con el tema del baile para otra cita del Club, y se acepta, aunque será más adelante que en la próxima, dentro de 15 días, Manolo Caracol nos espera (Al estar cerca un nuevo aniversario, el 4 de diciembre, del fallecimiento de Vicente Escudero, retomaremos lo que de él se habló, con cierta controversia, este pasado viernes en la Tertulia).
El día 18 de octubre comenzó la segunda edición del Club de Música en la Biblioteca. Nos reunimos quincenalmente para hablar de música con Estefanía y Carolina, profesoras de viola en los conservatorios de León y Valladolid respectivamente y componentes del Dúo Casulana, con un objetivo estrella: conocer la música para disfrutarla.
Somos veinte participantes con ganas de aprender a escuchar, acercándonos a los elementos y estructuras de la música, descifrar términos técnicos, descubrir obras y autores para nosotros desconocidos, compartir nuestros temas y gustos favoritos.
En la primera sesión nos hemos presentado y hemos recogido por escrito las expectativas de los participantes respecto al Club de Música. Después de exponer la dinámica de las sesiones, hemos presentado los recursos que podemos encontrar en la Biblioteca: discos, DVDs, libros, partituras y revistas y que serán de gran ayuda para todos por la cantidad y calidad de los materiales.
Carolina y Estefanía, a modo de pequeño taller, repartieron discos a cada participante para aprender a interpretar y profundizar en algunos de los términos que aparecen en ellos: movimientos, tempo, escalas y tonalidades.
Estrenamos en este blog nuestro espacio del Club y os invitamos a participar y dejar vuestros comentarios sobre las sesiones del club, noticias musicales, conciertos…