Club de cine Espigador@s: Sean Baker

La última sesión de esta temporada del Club vamos a dedicarla al ganador del Óscar a Mejor Película con Anora (2024), Sean Baker, que también consiguió con ella la Palma de Oro de la edición del Festival de Cannes del año pasado.

Pero es que no sólo se llevó el Óscar a Mejor Película, sino que, aparte del Óscar a Mejor Actriz Protagonista para Mikey Madison, el propio Sean Baker recogió los Óscar a Mejor Dirección, Mejor Guion Original y Mejor Montaje, de los que él mismo es el responsable. Estamos, por lo tanto, ante un autor total.

De sus seis películas anteriores, la que veremos es The Florida Project (2017), elegida por nuestra compañera Belén. Y este es el texto que nos ha enviado:

«The Florida Project» hace referencia al nombre inicial que Walt Disney le dio al desarrollo de su parque en Florida antes de convertirse en Walt Disney World en 1971.

Sean Baker, el cineasta de la marginalidad y la belleza oculta.

 Baker es conocido por su cine independiente y su capacidad de crear películas de alta calidad con presupuestos reducidos, a veces utilizando incluso cámaras de iPhone.

Se ha consolidado como una de las voces más innovadoras del cine independiente contemporáneo, su cine se sumerge en los márgenes de la sociedad, captura la humanidad en escenarios poco convencionales.

Es un director que hace cine social americano, habla de la cara oscura del sueño americano, sus personajes son marginados, pero los trata con cariño, pone luz en esta cara oscura. Trata a los personajes con una mirada empática y sin juicios.

La película que vamos a ver, The Florida Project, es del 2017. Transcurre en un sitio feo, en unos moteles baratos y vamos a seguir a Moonee, una niña de 6 años que vive con su madre en situación precaria, Baker captura la inocencia infantil, y el contraste con la vida adulta.

 Baker nos guía hacia las inmediaciones de Kissimmee, Florida, cerca de Walt Disney World Resort. Concretamente, el escenario principal es el Magic Castle Inn & Suites, un motel económico pintado de color lavanda, que en la película se llama The Magic Castle.

Este lugar, junto con otros moteles similares y tiendas de la zona, refleja la realidad de las familias que viven en situación de precariedad a la sombra de la opulencia de Disney World.

 El director no juzga a los personajes, solo los muestra como son. Aborda la dureza de la historia sin ser sensiblero. Nos invita a mirar con otros ojos, sin perjuicios. Nos muestras la belleza en la precariedad, con una fotografía en tonos suaves.

Habla de personajes reales en sitos en constante movimiento, pero los protagonistas no se mueven, no tienen a donde ir. Esto es una constante en su cine. 

 Es un buen colofón terminar nuestro club de cine con este director que humaniza la marginalidad.”

 Totalmente de acuerdo. ¡Feliz verano!

The Florida Project (Sean Baker, 2017) 115’

Auditorio de la Biblioteca Pública de Valladolid, jueves 26 de junio de 2025, 19:00h

Club de cine Espigador@s: El manantial

Volvemos al cine clásico… y a Gary Cooper. Tras el reciente estreno de The brutalist (Brady Corbet, 2024), revisitaremos una película también ambientada en el mundo de la arquitectura, El manantial, dirigida por King Vidor en 1949, en plena vigencia del MRI o “Modo de Representación Institucional”, según terminología de Noël Burch, del que hemos hablado en varias ocasiones, sobre todo a propósito de Tres lanceros bengalíes (Henry Hathaway, 1935).

No es la primera película que veremos en el Club de King Vidor, pues en los primeros años disfrutamos de su obra maestra dentro del cine mudo Y el mundo marcha (The crowd, 1928), una temprana desmitificación del sueño americano y, posteriormente, de Cenizas de amor (H.M. Pulham, Esq., 1941).

Estas son algunas de sus características, que podemos repasar al final de la proyección:

  • Sección áurea o regla de los tres tercios: concepto tomado de finales del siglo XV referente a la composición de un cuadro. Las figuras principales deben centrarse en el cuadro o plano. El cuadro o plano se divide en 3 tercios horizontales y verticales y en los cuatro puntos principales debe quedar enmarcada la figura principal o aquello que tenga relevancia en el encuadre.
  • Variedad en los movimientos de cámara: travellings, panorámicas…
  • Abanico variado de angulaciones de la cámara (esto es la altura a la que se coloca la cámara con respecto al rostro del sujeto).
  • Escala de planos: Se supera el omnipresente plano general y aparecen nuevos encuadres permitiendo que la cámara se acerque cada vez más a las figuras.
  • Aumento de los decorados artificiales
  • Uso de tintados: Se tintaba la película toda de un color para indicar un estado, situación o lugar. Por ejemplo: el verde indicaba exteriores ajardinados mientras que el azul, la noche y el rojo un incendio. Más tarde se empleaban plantillas, permitiendo hacer tintados por zonas.
  • Jerarquía en la actuación: había un actor principal el cual se llevaba todo el protagonismo y se caracterizaba por una sobreactuación, y unos actores secundarios que quedaban en un segundo término y eran más naturalistas.
  • Tendencia en la actuación hacia el naturalismo, abandonando la hiperactuación a partir de 1920.
  • Avances en el montaje: Se trabaja entre montaje en continuidad (primero una acción y luego otra), montaje alternado (escenas intercaladas), montaje paralelo (dos acciones suceden a la vez) montaje analítico (dentro de una misma escena pasan de plano general a plano detalle).
  • El raccord: primero se vio el raccord apoyado, que se trata de un falso movimiento ya que se repite el mismo movimiento en distintos planos. Más tarde se empezó a desarrollar el raccord en el eje, y a continuación el raccord de dirección y de movimiento. El más tardío y más complicado es el raccord de mirada.
  • Elementos transicionales: sirven para segmentar y ordenar la obra:
    • fundido en negro: dar paso a los sueños
    • fundido encadenado: dar paso a un flashbacks
    • fundido iris: paso a otro momento narrativo; también puede dar paso a flashbacks
    • cortinilla: implica paso del tiempo
  • Para dar sentido a las acciones: utilizan el desenfoque o anamorfis (deformación de los cuerpos) para simular que el personaje se ha herido o se encuentra bajo los efectos de alguna droga. También usaban gelatina o plantillas para jugar con la imagen.
  • Elementos narrativos: en los orígenes del cine mudo encontramos como elemento por antonomasia los intertítulos y rótulos: rótulos narrativos, descriptivos y de diálogo con el fin de explicar las escenas. Una vez desarrollado el sonoro el elemento principal de narración solía ser la voz del narrador. Puede ser omnisciente y externo, un personaje…

https://es.wikipedia.org/wiki/Modos_de_representaci%C3%B3n_institucional

Aquí va un análisis estupendo de la película para leer con calma después del visionado:

https://lamanodelextranjero.com/2022/05/30/el-manantial-o-el-camino-hacia-el-absoluto/

Solo adelantar que, según su autor, en esta película podemos ver “el mejor inicio de toda la historia del cine.”

¿Será verdad? ¡Bienvenid@s a la penúltima sesión del Club!

(*Ah, muy interesante también las dos versiones del cartel de la película, el americano y el hispano. Da para un interesante debate…)

El manantial (The fountainhead, King Vidor, 1949) 114’

Auditorio de la Biblioteca Pública de Valladolid, jueves 12 de junio de 2025, 19:00h

Club de fotografía: Valladolid en blanco y negro

Sevilla tiene un color especial, no seremos nosotros los que lo pongamos en duda, pero lo que sí decimos bien alto es que Valladolid es bonita hasta en blanco y negro y, por si alguien tiene alguna duda, aquí están nuestros fotógrafos para dejarlo bien clarito.

Bienvenidos a este paseo por nuestra ciudad en el que apostamos todo a la escala de grises. Abrimos nuestro álbum.

  1. Cortesanas / Tomás González

2. Valladolid noche / Raquel Esteban. Primera clasificada

3. De compras / Jesús Hernando

4. Trompeta en sol / José Luis Peláez. Tercera clasificada

5. Hasta la vista / Charo Martínez

6. Tres en raya / Charo Martínez

7. Catedral y ambiente Elena Parrilla

8. Charlando con Delibes / Sofía Sevillano

9. Iglesia de La Antigua / Elena Parrilla

10. Paseando / Jesús Hernando

11. Nada al azar / Raquel Esteban

12. Parada Campo Grande / Sofía Castellano

13. Poeta / Tomás González

14. Catedral / Tomás González

15. A flote / Jesús Hernando

16. Bullicio en el centro / Miguel Ángel Andrade

17. Farola modernista / José Luis Peláez

18. Llueve en la plaza / Charo Martínez

19. Reflejos en la calle Santiago / Yolanda Ferrero

20. Paseos por el centro pucelano / Elena Parrilla

21. Crucero de San Pablo / José Luis Peláez. Segunda clasificada

22. Monjas visitando Valladolid / Yolanda Ferrero

23. Entrando en la Historia / Miguel Ángel Andrade

24. Observándonos desde las alturas / Miguel Ángel Andrade

25. El vigilante de la playa / Raquel Esteban

26. Fuente Zorrilla / Yolanda Ferrero

27. Valladolid al óleo / Sofía Sevillano

Club de cine Espigador@s: ¡Empieza el espectáculo!

Ese fue el subtítulo en España de la película que veremos en esta sesión: All that jazz (Bob Fosse, 1979). Los distribuidores patrios, acostumbrados como nos tienen a cambiar a su antojo los títulos de las películas, esta vez mantuvieron el original y le añadieron una frase llamativa. Menos mal.

Es una propuesta de Carlos Tejero, que nos envía el siguiente texto:

Bob Fosse (1927-1987) es uno de los grandes coreógrafos y directores musicales de Broadway. Como bailarín no sólo actuó en Broadway sino que también lo hizo en varios musicales cinematográficos. Como director cinematográfico realizó cinco películas, dos de ellas ‘Cabaret’ (1972) y ‘All that jazz’ (1979) están consideradas dos cumbres del cine musical norteamericano, aparte de su éxito, por su aportación a la modernización del género musical.

‘All that jazz’ también conocida español como ‘Empieza el espectáculo’, ganó cuatro Oscars, la Palma de Oro de Cannes y dos premios BAFTA. La película está basada en el intenso y estresante periodo de trabajo de Bob Fosse en 1975, en el que simultáneamente montaba ‘Lenny’, su última película, y preparaba el musical ‘Chicago’ en Broadway.

El argumento narra el periodo de tiempo en el que Joe Gideon, coreógrafo y director, que está montando su última película y simultáneamente preparando un musical en Broadway, como le sucedió realmente Bob Fosse, mostrando al protagonista en cada uno de los momentos de su actividad y su relación con las personas de su entorno más cercano, así como con todas aquellas personas que intervienen en su actividad profesional. La actividad que desarrolla es frenética, al límite de su resistencia física, llegando al colapso, acabado hospitalizado por un infarto. Los médicos le recetan un periodo de estricto reposo, que no cumple y termina muriendo.

La trama incluye como escenas principales la preparación del musical, el montaje de su última película, sus problemas de salud, la hospitalización, las alucinaciones con el Ángel de la Muerte (Jessica Lange), y la despedida de la vida. Una parte de las escenas musicales se incorporan a la narración como una peripecia más de la trama, otras, las alucinaciones, siguiendo el canon clásico del musical. Las escenas musicales están montadas con planos cortos que son sincronizados con la música.

Las escenas finales de la despedida de Joe Gideon conforman la apoteosis definitiva de su vida, alcanzando el clímax de la película. Cuando Joe Gideon se da cuenta de que va a morir y comienza a imaginar lo que será las escenas culminantes de esta película: la exhortación de su hija, su novia y su exmujer para que se tome en tiempo de reposo y su despedida de la vida, de todas las personas relevantes en ella. En un espectáculo con maestro de ceremonias y cuerpo de baile incluido, Joe Gideon aparece en el escenario y se despide de cada una de estas personas al tiempo que se interpreta la canción ‘Bye, bye, life’. Al final Joe Gideon se dirije hacia el Ángel de la Muerte, que lo recibe, en un espacio luminoso y etéreo. El espectáculo ha terminado.

Con un ritmo pausado pero vibrante, el espectador se mete en la piel de este personaje ególatra y excesivo, que sacrifica a todos sus seres queridos por su obsesión creativa, alcanzando un camino de autodestrucción. ¿Podría no haberse autodestruido?

Vincent Canby, crítico norteamericano, dijo en su estreno que esta película es un turbulento despliegue de brillantez, energía, baile, confesiones a media voz, bromas internas y, especialmente, ego. Es como si Fosse nos hubiera invitado a asistir a su funeral.

it’s showtime, folks!!!

All that jazz: empieza el espectáculo (Bob Fosse, 1979) 123’

Auditorio de la Biblioteca Pública de Valladolid, jueves 29 de mayo de 2025, 19:00h

Club de cine Espigador@s: Más allá de los dos minutos infinitos

Retomamos nuestras sesiones del Club de cine, tras el largo paréntesis vacacional y festivo. Y lo hacemos con una nueva propuesta de Dani, que repite ante la falta de voluntari@s.

Este es el texto que ha preparado:

¿Y si pudieras ver dos minutos en el futuro? Y no solo eso, ¿y si pudieras usar esa visión para adelantarte aún más, usando un simple monitor y una pantalla de ordenador?

Esta es la premisa de Más allá de los dos minutos infinitos (2020, Junta Yamaguchi), una pequeña joya del cine japonés de ciencia ficción con alma de teatro indie. Esta película nos sumerge en la vida de un dueño de cafetería que descubre que su ordenador muestra lo que sucederá dos minutos más adelante… y ahí empieza el enredo. A pesar de su bajo presupuesto, la película logra conformar una historia compleja y sorprendente.

La ciencia ficción a menudo ha sido injustamente reducida al espectáculo visual, a naves espaciales, explosiones o futuros distópicos llenos de efectos especiales. Pero el género es mucho más que eso: es una herramienta poderosa para explorar ideas, cuestionar nuestra percepción del tiempo, de la realidad, y de nosotros mismos. Y dentro de sus muchas ramas, una de las más conocidas es la de los viajes en el tiempo.

En las últimas décadas hemos visto cómo el viaje en el tiempo ha sido tratado desde distintos ángulos: desde la aventura con Regreso al futuro (1985), pasando por enfoques más psicológicos como Doce monos (1995) o El efecto mariposa (2004), hasta propuestas más recientes como Tenet (2020), que apuestan por la espectacularidad visual.

El género atraviesa una paradoja curiosa: nunca ha sido tan popular, y sin embargo, pocas veces ha estado tan desvirtuada. En la actualidad, con la avalancha de adaptaciones de cómics y universos cinematográficos compartidos, el género ha pasado a formar parte del gran engranaje de lo comercial. Explosiones, viajes interdimensionales, amenazas planetarias… pero cada vez menos espacio para la imaginación, para la reflexión y para las ideas audaces que caracterizaban al género en sus orígenes.

La buena ficción no necesita capas, ni CGI, ni salvar el mundo. Necesita una pregunta poderosa y la valentía de explorar con coherencia. Ahí es donde la película propuesta marca la diferencia. Huye deliberadamente de los tópicos del género y propone algo mucho más íntimo, casi cotidiano: ¿qué pasaría si un tipo corriente, dueño de una cafetería, descubriera que su monitor puede mostrarle el futuro… pero solo dos minutos por delante?

La película es la ópera prima de Junta Yamaguchi, director japonés que se había especializado en la realización y montaje de vídeos corporativos y comerciales. Yamaguchi forma parte del grupo Europe Kikaku, una compañía de teatro y cine con sede en Kioto, conocida por sus obras de comedia y ciencia ficción con recursos mínimos pero mucho ingenio. Esta raíz teatral explica no sólo la contención espacial del filme, sino también su ritmo, su sentido del humor coral y la importancia de lo coreográfico. El rodaje se llevó a cabo en solo una semana, con un guión ajustado al milímetro y un equipo de actores y técnicos que ya habían trabajado juntos en teatro, lo que se nota en la fluidez y la compenetración de todo el reparto.

Yamaguchi apuesta por un cine colectivo, donde el equipo comparte una visión y trabaja como un engranaje. Esto se refleja en la película: cada entrada, cada giro de cámara, cada cruce de líneas temporales está perfectamente coordinado, no por efectos digitales, sino por el trabajo conjunto de todo el equipo.

Con esta primera película, Yamaguchi no solo se posiciona como una voz original en la ciencia ficción contemporánea, sino también como un ejemplo de cómo la colaboración artística y el ingenio pueden superar cualquier limitación presupuestaria.

La película se proyecta en un espacio casi único —una cafetería, unas escaleras y un piso superior—, la película adopta una estética que remite una y otra vez al teatro. Los personajes entran y salen de escena como si estuvieran en un escenario, y en varios momentos claves, cuando “van a la ciudad”, la cámara simplemente no los sigue. El fuera de campo, más que una carencia, se convierte en un recurso expresivo: lo que no vemos también forma parte activa de la narración.

Esta contención espacial no solo ahorra costes; refuerza la unidad de tiempo y lugar, generando una tensión constante y permitiendo que el espectador siga con claridad el entramado temporal. Al igual que en una obra teatral, lo importante no es lo que hay más allá del decorado, sino lo que ocurre dentro del pequeño mundo que se ha creado. El espacio cerrado permite además una puesta en escena extremadamente coreografiada: entradas y salidas sincronizadas, diálogos que se superponen en el tiempo, personajes que interactúan consigo mismos en bucles cuidadosamente construidos.

En este sentido, la película demuestra que la narrativa puede expandirse sin necesidad de mover la cámara, y que el cine, incluso cuando es estático, puede ser dinámico si está bien pensado.

Aunque Más allá de los dos minutos infinitos es, en apariencia, una comedia ligera, su trasfondo emocional es más complejo de lo que parece. Bajo la superficie de bucles y juegos temporales, late una historia de deseos íntimos, sentimientos contenidos y relaciones no resueltas. La película no solo plantea “qué pasará dentro de dos minutos”, sino también “qué pasaría si me atreviera a decir lo que siento”, “si pudiera dar un paso más”, o “si supiera qué piensa realmente el otro”.

En el cine japonés, el tiempo suele verse no como algo que deba manipularse, sino como una corriente que se observa con respeto. Frente a muchas películas occidentales sobre viajes temporales, donde el protagonista busca cambiar su destino, aquí los personajes parecen más bien jugar con las posibilidades sin perder de vista que el tiempo sigue adelante, inexorable. En lugar de grandes tragedias o paradojas, lo que se pone en juego es algo más cotidiano y humano: el miedo a actuar, el deseo de conectar, el dolor de lo no dicho.

Por eso el título es tan sugerente: Más allá de los dos minutos infinitos no solo alude al truco visual o narrativo, sino también a ese anhelo de ir más allá del presente inmediato, de romper la barrera entre lo que se siente y lo que se expresa. El amor, la amistad o la inseguridad de los personajes aparecen siempre en segundo plano, pero dan profundidad a sus decisiones y reacciones.

Además, como es habitual en muchas narrativas japonesas, hay una contención emocional muy marcada. La tristeza, la frustración o el cariño no se expresan con grandes gestos, sino con silencios, miradas o gestos mínimos. Esto puede resultar distante para el espectador español, más acostumbrado a la expresividad abierta, pero forma parte de una sensibilidad distinta, donde lo sutil es lo más profundo, lo esencial es invisible a los ojos.

Esperamos que podáis acudir y disfrutemos juntos. 

Más allá de los dos minutos infinitos (Junta Yamaguchi. 2020) 70’

Auditorio de la Biblioteca Pública de Valladolid, jueves 15 de mayo de 2025, 19:00h

Club de fotografía: Música

Difícil tarea la de nuestros fotógrafos este mes. La música se hace imagen y las fotografías se presentan como composiciones musicales que van a sonar en nuestras cabezas de una forma única: nosotros marcamos el compás, decidimos las notas y escuchamos la canción, si es que la hay. Pasen y vean, pasen y escuchen, pasen y sientan.

  1. Músicos del siglo XVIII en yeserías. Charo Martínez

2. Tenor. Víctor Manuel Simón. Primera clasificada

3. Viento-metal. José Luis Peláez

4. Música. Carlos de San Luis

5. Fin de fiesta. Ana Pérez

6. Música en el club de cine Espigador@s bcyl. Charo Martínez

7. La música está en el aire. Raquel Esteban

8. La flauta mágica. José Luis Peláez. Segunda clasificada ex aequo

9. Música pasional. Miguel Ángel Andrade

10. Al unísono. Sofía Sevillano. Tercera clasificada

11. Entre agujas y recuerdos. Elena Parrilla

12. Y con el mazo dando. Tomás González

13. 4 en línea. Ana Pérez

14. Evolución musical. Carlos de San Luis

15. El pasadizo del violinista. Raquel Esteban

16. Descanso. Tomás González

17. Brillo y viento. Sofía Sevillano

18. Música disco. Miguel Ángel Andrade

19. Anuncian la llegada de Felipe II a Valladolid. Charo Martínez

20. Viento-madera. José Luis Peláez. Segunda clasificada ex aequo

21. Mi banda sonora. Elena Parrilla

22. Música y precisión. Sofía Sevillano

23. Partitura. Víctor Manuel Simón

24. Su banda sonora, mi banda sonora. Elena Parrilla

25. Música y vino van de la mano. Miguel Ángel Andrade

26. Larga vida al rock & roll. Ana Pérez

27. Diversidad musical. Carlos de San Luis

28. Violinista urbano. Raquel Esteban

Club de cine Espigador@s: Tres lanceros bengalíes

Terminamos el trimestre con un clásico que nos presentará Antonio: Tres lanceros bengalíes (The Lives of a Bengal Lancer, 1935), una de las mejores películas de Henry Hathaway, director en activo desde los años 30 hasta los 70, y que cuenta en su haber con películas de todos los géneros, desde los westerns de sus inicios (y que cultivó siempre) hasta el melodrama, pasando por películas de aventuras, de época, bélicas o policiacas.

Aprovecharemos para dar un repaso al Modo de representación institucional (MRI), típico del cine clásico (según terminología establecida por Noël Burch en El tragaluz del infinito, 1987), que llegaría a su apogeo en la década siguiente, evolución del Modo de representación primitivo (MRP), típico de los inicios del cine.

https://es.wikipedia.org/wiki/Modos_de_representaci%C3%B3n_institucional

https://es.wikipedia.org/wiki/Modo_de_representaci%C3%B3n_primitivo#:~:text=El%20Modo%20de%20Representaci%C3%B3n%20Primitivo,durante%20el%20nacimiento%20del%20cine.

https://www.analisisfilmico.uji.es/web/modo-de-representacion-institucional-m-r-i/

Tendremos la fortuna de contar con Antonio y con Gary Cooper para echarnos una mano, de modo que la despedida del trimestre promete.

Tres lanceros bengalíes (Henry Hathaway, 1935) 109′

Auditorio de la Biblioteca Pública de Valladolid, jueves 3 de abril de 2025, 19:00h

Club de cine Espigador@s: La vida útil

La sesión de este jueves será un tanto especial. Nos acompañará José Pinar Fernández, fundador y gestor de los cines Groucho de Santander (que toman su nombre de su homónimo vallisoletano) hasta hace unos meses, para presentarnos su libro Cine Groucho. Veinte años de cine de autor en Santander (2004-2024).

En palabras de su artífice, “este libro es un intento de acercamiento a lo que ha sido poner en marcha esta idea de negocio e intentar mantenerla durante veinte años con sus tribulaciones y alguna anécdota. Y sobre todo intentando defender a los cineastas y al cine de estos autores en su estreno en la ciudad de Santander.”

La obra se lee de un tirón y, aunque una parte se centra en el propio cine Groucho de Santander, se analizan también la evolución de las salas de cine en España durante las dos últimas décadas (cierres, aperturas en centros comerciales…), del público que asiste a las mismas, y los directores de cine independiente más destacados.

La presentación del libro irá complementada con la proyección de la película uruguaya La vida útil (Federico Veiroj, 2010), que formó parte del ciclo XX Aniversario Cine Groucho: las salas de cine en el cine (agosto 2024), título que ya nos da una idea del argumento del filme.

https://cinesgroucho.es/ciclo-xx-aniversario-cine-groucho-las-salas-de-cine-en-el-cine-del-23-al-29-de-agosto/

“¿Hasta qué punto es útil una vida dedicada a cualquier oficio y en especial a Carlos y su cinefilia? Este concepto, bastante sencillo, es la idea brillante de la cinefilia que poseen una gran mayoría de los mortales. Entro al cine no sólo para encontrar y encontrarme con ¿la vida?, sino que el cine o la vida (o viceversa) proporciona soledades acompañadas.

Sin embargo, y tomando como punto de partida a Lacan, el cine posee estructuras de fascinación suficientemente fuertes como para permitir pérdidas temporales del ego y simultáneamente reforzarlo. En el fondo creo que esto fue lo que le sucedió al protagonista del film.

Pero más allá de esta lectura, la película uruguaya deja la sensación de que los habitantes de las salas de cine siempre estarán buscando ese rincón de emociones. Y es que la escopofilia (instinto compulsivo hacia la contemplación placentera, estudiado por Freud), es así.”

Gonzalo Restrepo Sánchez (Film critic. Barranquilla, Colombia), tomada de Filmaffinity.

Allá va otra crítica: https://cinedivergente.com/la-vida-util/

La vida útil (Federico Veiroj, 2010) 67′

Auditorio de la Biblioteca Pública de Valladolid, jueves 27 de marzo de 2025, 19:00h

Club de fotografía: Pasos de cebra

Nada más sugerente que un paso de cebra. Y es que los hay beatlemaníacos, como el de Abbey Road (Londres), y auténticos cruces de caminos, como el de Shibuya (Tokio).
En algunos se han escrito versos, otros se han transformado en teclados de piano, en pasos de vaca o en arco iris de asfalto.
Este mes cruzamos al otro lado de la calle de la mano de nuestros fotógrafos por el paso de cebra, como debe ser. ¿Nos acompañas?

  1. Zueco. Tomás González

2. Triangular. Jesús Hernando

3. Reflejos. Charo Martínez

4. Hombre-cebra, mujer-cebra. Raquel Esteban

5. Paso apurado. Miguel Ángel Andrade

6. Al fin juntos. Ana I. Iglesias

7. Andando al cole. Sofía Sevillano

8. Detalle de pisada. Elena Parrilla

9. Vuelvo enseguida. José Luis Peláez

10. Paso a la ría. Águeda Rodríguez

11. También quiere pasar. Nieves González

12. Onda cebra. Tomás González

13. Bajo la lluvia. Carlos de San Luis

14. Doble exclamación. Víctor M. Simón

15. Respetando el paso. Águeda Rodríguez

16. Animal de asfalto. Ana Pérez

17. Me da tiempo a cruzar. Sofía Sevillano

18. Paso con historia cultural. Enrique Salas

19. Esperando en el paso. Carlos de San Luis

20. Paso ajardinado cebrado. Enrique Salas

21. Solitario. Jesús Hernando

22. Paso de aviones. Víctor M. Simón

23. Lloviendo. Nieves González

24. Pasos de peatones. Raquel Esteban. Segunda clasificada

25. Paso de frikis. Miguel Ángel Andrade

26. Abstracción. Tomás González

27. Peatón, no cruce en rojo. Elena Parrilla

28. Por el barrio. Ana I. Iglesias

29. Pasos de cebra y rojo ambiental. Charo Martínez

30. Sin prisa. Sofía Sevillano. Primera clasificada

31. Mañana, tarde y noche. Ana Pérez

32. Cebrita. Nieves González

33. Paso al rojo. Raquel Esteban

34. Pasos desiertos. Carlos de San Luis

35. Cigüeñas vigilantes. Águeda Rodríguez

36. Deshacer el cruce. Ana Pérez

37. Amarillo. Jesús Hernando

38. Paso protegido. Miguel Ángel Andrade. Tercera clasificada

39. Espacios en azul. Charo Martínez

40. A rayas. Víctor M. Simón

41. Cebra nocturna. José Luis Peláez

42. Paso nocturno en rojo. Enrique Salas

43. Esperando tras descenso. Elena Parrilla

44. En fila. Ana I. Iglesias

Club de cine Espigador@s: Mi dulce pueblecito

Hoy toca el turno al cine checo, concretamente a Jiří Menzel, uno de los directores más conocidos de la llamada Nová Vlna (Nueva Ola), movimiento cinematográfico que surgió en la antigua Checoslovaquia durante los años previos a la primavera de Praga, corriente a la que también pertenecieron Milos Forman o Věra Chytilová, por citar a dos de sus representantes más famosos.

En nuestro Club ya vimos hace años Trenes rigurosamente vigilados, basada en la novela de Bohumil Hrabal, con la que ganó el Óscar a Mejor Película Extranjera en 1966.

Menzel es un viejo conocido de nuestra SEMINCI, donde ha presentado, aparte de la película que vamos a ver en esta sesión, sus películas posteriores, El fin de los buenos tiempos (1989), con la que ganó el premio a la mejor fotografía, y Alondras en un hilo (1969/1990).

Nuestro compañero Germán Arregui ha sido el responsable de la elección, y estas son sus razones:

“He elegido “Mi dulce pueblecito” por ser una película muy representativa de Menzel, una de las muchas que hizo de ambiente costumbrista rural. En ella, aúna la sencillez, la ternura y el humor.

         Filma la vida cotidiana en una comunidad cercana a Praga en una época en que Checoslovaquia está todavía sometida a la dominación soviética, tras fracasar la Primavera de Praga. Pero no es una película política. Es una película de personajes, ni buenos ni malos, que se hacen querer y algunos son entrañables.

         Como he leído en alguna crítica, es una película completamente trascendental dentro de su intrascendencia.

Espero que, a los que no la han visto, les guste.”

Mi dulce pueblecito (Vesnicko ma strediskova, Jiří Menzel, 1985) 98’

Auditorio de la Biblioteca Pública de Valladolid, jueves 6 de marzo de 2025, 19:00h